Mujer Reina Diosa Hechicera

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Imbecilidad Transitoria

No como, no duermo, no vivo, no escucho, no pienso

Me olvido del bolso, hablo sola en el metro

Me olvidaras, porqué te vas?

 

Hablo demasiado, fumo mucho y todo me va mal

Me siento irracional, fuera de todo plan

Me llamarás, me escribirás, me olvidarás?

 

Hablo demasiado, cruzo la calle  no miro a los lados

Y paso la esquina de largo

Itinerario equivocado.

 

Te llamo a tu casa y se que no estas

Y me invento tu voz y te tengo detrás

Y ya no estás, porqué te vas ?

 

Noches en vela, euforia ansiedad y tormento

Me pierdo en tu nombre no vivo el momento

Está en mi carta astral, que fatalidad.

 

Hablo demasiado, como chocolate,

No puedo dormir, el pulso de la sangre en mis oidos late

Me llamarás, me escribirás, me olvidarás?

 

Hablo demasiado

Cruzo la calle y no miro a los lados y paso la esquina de largo

Te llamo a tu casa y se que no estás

Me olvidarás, porqué te vas ?

 

Este es uno de los Freestyles que escribió Morfema (Bendito sea Dios !!!) cuando ni idea tenía que a mi me podian pasar estas cosas, porque mi vida hasta entonces había sido un pelear de Artemisa asexuada y tocacojones sin ninguna intención de convertirme en aquella desgraciada y dependiente Perséfone en la que solo dos años después me convertí. Y vaya conversión la mía, vamos que si a mi me dicen que…., os mando a todos a tomar por culo, que a liberada, independiente, frígida y megaguay no me ganaba nadie.

Total que metidos en faena me llegó a acontecer el episodio, pero no del todo porque a mi me faltaba la parte esa de la alegría, de la esperanza, las mariposillas, el rubor…. esa mitad me la perdí porque de verdad que hay que ver lo que me la sudaba el tipo, si a mi solo me importaba acallar el animalito de mi ansiedad que me comía la gastritis, pero claro, superdotada que soy pues decidí vivir su infierno, plantarme una medalla inmarcesible de campeona de la adversidad, aceptarle como cucaracha, que al fin y al cabo lo era,  MI CUCARACHA, y en mi desgracia utilizarle para sentir que yo no era como él ni mucho menos, faltaba más hombre, si con todo lo que le aguantaba ya me habia ganado el respeto de toda la comunidad, por fuerte, luchadora, infatigable, indestructible, incombustible, reina, mujer, Diosa.

Y vivir su infierno para no tener que vivir el mío.

Después de 3 años pelados que me parecieron 3 siglos, adicta a los recaptadores de Serotonina, el Diazepam, la coca y el Jack Daniels, le abandoné llorando a moco tendido, hundiendomé más si cabe en mi desgracia de inadecuada, inadaptada y proscrita, porque hay que joderse saber que te importa un puto pito y SENTIR que sin él no te llega el aire que respiras.

Toda una demostración de imbecilidad transitoria en su estado más primitivo.

El Freestyle va perfectament conjuntado con el sampler de “Porque te vas” de Jeanette, de ahi el “porqué te vas” tan reiterativo.

Y aqui el texto de Lucía Etxebarría en el que me Morfema se inspiró para hacer el Freestyle

“Feniletilamina”

Euforia, tormento. Noches en vela. Días inactivos. Sueña despierta delante del ordenador. Se olvida el bolso en el supermercado. Sigue de largo donde debería doblar. Habla en voz alta mientras camina sola. Planea lo que le diría, o lo que debería haber dicho. Lo que le dirá en un próximo encuentro. Corre riesgos estúpidos. Dice tonterías. Se ríe demasiado. Habla de lo que no debe. Revela secretos. Pasea de madrugada. Algo que dijo él aún le resuena en sus oídos. Ve su sonrisa si cierra sus ojos. Atesora las entradas de la película que vieron juntos. ¿Qué pensaría él del libro que está leyendo? Un perfume despierta un sin fin de recuerdos. Una canción le provoca sollozos. Llora un promedio de cien lágrimas diarias. Y duerme, calcula, unas cuatro horas por noche.

“Esta violenta perturbación emocional (desórdenes de atención, conexiones intrusivas, hipersensibilidad y exaltación, cuadros de ansiedad) se inicia en una pequeña molécula llamada feniletilamina (FEA), que se encuentra al final de algunas células nerviosas y ayuda al impulso de saltar de una neurona a la siguiente. Es una anfetamina natural que se acumula en el sistema límbico, el centro emocional del cerebro. El sentimiento de amor –lee- puede resultar de la inundación de FEA y otros estimulantes naturales que saturan el cerebro, transformando los sentidos y alterando la realidad”.

Pierde el apetito, pero a veces asalta la nevera a las 6 de la mañana. Cree reconocerlo en la oscuridad de los bares y luego se da cuenta de que se ha equivocado. Escribe su nombre en servilletas sucias, y le tiemblan las manos si descuelga el teléfono. El pulso de la sangre resuena en los oídos. Una llamada podría abrir la puerta del cielo. El grifo de la ducha queda siempre abierto. Acaricia a los niños en el autobús y a los perros sarnosos que cruzan las aceras. Si camina a su lado, siempre piensa que cae y tiene que recordar cómo diablos se camina. Se cambia de ropa delante del espejo setenta y siete veces antes de cada cita. Se descubre imitando gestos que le ha copiado. Repitiendo sus frases en las conversaciones.

“Tras algunas semanas de administración de inhibidores de la MAO -lee-, un hombre perpetuamente enfermo de pasión comenzó a tomar con más calma sus relaciones de pareja y pudo incluso vivir solo con bienestar. Aparentemente ya no anhelaba la respuesta de FEA. Este paciente hacía años que estaba en terapia. Sin embargo parece que hasta que no se le administró la ayuda química, fue incapaz de aplicar lo que había descubierto debido a su irrefrenable respuesta emocional”.

Bebe demasiado. Come chocolate. Deja las llaves puestas en la cerradura. Cuando duerme sola se abraza a la almohada. Sopesa a cada instante el tiempo compartido. Se sabe de memoria su talla de jersey. De pantalones, camisa, calcetines y botas. Llama a su casa cuando sabe que no está. Paladea su voz en el contestador. Le obsesiona el color de su ropa interior, y se pone una falda, la primera en un año. Enumera sus fallos para no idealizarlo. Y acaba por pensar que iluminan sus virtudes. Nada setenta largos. No para a descansar. Intenta pensar sólo en las brazadas, y el agua. Sale tiritando y no consigue olvidarse. Lee libros de autoayuda que no le gustarían. Con las novelas tristes llora a moco tendido. Habla sola en el metro, o con desconocidos. Se ha pintado de negro la uñas de los pies. Nunca llega a tiempo a una sola cita. Grita como una loca bajo el chorro de agua. Al menor de sus gestos se le congela el pulso. Escribe cartas absurdas que nunca le ha enviado. Redacta tonterías sin pie ni cabeza.

SOSPECHA QUE LA QUÍMICA NO HARÍA NADA POR ELLA.

“El amor, dijo Ortega y Gasset, es una especie de imbecilidad transitoria. No aclaró, sin embargo, que nos alivia de una imbecilidad más permanente: La razón, y de su exagerado amor por ella: La filosofía.”

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Veneno


Es sorprendente que los seres humanos a veces llamemos amor a las emociones y conductas más extrañas y desviadas. Algunas personas confunden el amor con la posesividad más destructiva, y otras se sienten enamoradas de personajes egocéntricos que les reportan casi puros sufrimientos y malos tratos. Cientos de veces tratan de arrancarse de ellos, para volver otras tantas a buscarlos. Todos tenemos cosas que ocultar en nuestra vida amorosa. El problema surge cuando no son actos esporádicos, sino hábitos permanentes. Si compulsivamente damos todo por el otro, incluso la propia cordura, y creemos que esta penosa autodestrucción es un acto amoroso, ha llegado el momento de preguntarse: ¿es amor o es adicción?

La intensidad de la adicción en el amor suele estar en directa proporción a la profundidad de necesidades afectivas básicas mal resueltas en la infancia. Al igual que en las adicciones al alcohol o a las drogas, la dependencia llevada al extremo de ceder el control de la propia vida a algo o alguien fuera de uno mismo, está basada en algún tipo de miedo. Miedo a sufrir, al fracaso, a la soledad, a la rabia, a la culpa, a decepcionar o a morirse. Los amantes se apegan uno al otro, cegados por la ilusión de que la relación amorosa de alguna manera arregla sus miedos.

Llamamos relaciones adictivas a aquéllas que son laberintos sin salida o historias que sólo pueden terminar mal. O a aquéllos insistentes apegos a personas inalcanzables e incapaces de comprometerse, o que ya están comprometidos. O a relaciones que carecen de lo que uno o ambos miembros de la pareja necesitan: amor, ternura, sexualidad, honestidad, apoyo emocional. Y, en los casos más extremos, a relaciones que son campos de batalla donde la rabia y el abuso predominan.

En las relaciones adictivas, el te necesito, propio de todo vínculo amoroso, se convierte en demanda obsesiva o en pánico permanente frente a una posible pérdida. Si, por agotamiento, se dan pasos para terminar ese dañino lazo, los amantes sufren agudos síntomas de privación. Al igual que en las adicciones a sustancias químicas, se observan síntomas síquicos angustia, insomnio, desesperación y físicos opresión al pecho, sudoración, mareos, jaquecas, que sólo se alivian cuando se restablece el contacto con el ser amado. Permanecer en relaciones destructivas puede ser dañino para la salud. Sin embargo, no todo es tan negro y sombrío. Terminar una relación amorosa enfermiza es difícil pero no imposible. Algunos lo logran por sí mismos, otros requieren de ayuda. Lo importante es que usted se dé cuenta de que quién le quita su autoestima no va ser el que se la devuelva. Al contrario, en cada intento por restituir la dignidad perdida, quedará más dolido y devaluado. No gaste más tiempo ni energía. Atrévase, pierda el miedo. No sólo va a sobrevivir, sino que experimentará un intenso alivio. Se lo aseguro. Porque eso no es amor: es adicción.

Mucha gente racional y equilibrada establece, a pesar de sí misma, relaciones amorosas adictivas que sólo les reportan sufrimiento. Infructuosamente tratan de romper con su pareja, convirtiéndose ésta en una prisión de la cual no logran escapar. Se sienten invadidos por la angustia frente a la más mínima señal de abandono. El miedo a la soledad los paraliza y pagan cualquier precio con tal de evitar la ruptura. Si usted ha malgastado suficiente tiempo en tratar de cambiar a quien sistemáticamente lo daña o rechaza, he aquí algunas sugerencias prácticas que pueden ayudarlo a romper las cadenas.

La primera tarea es comprender que el costo de mantener la ilusión de que lo aman lo está llevando a la ruina, en términos de respeto por sí mismo, autoconfianza y salud mental. Las personas atrapadas en el mal amor tienden a hacerse trampas a sí mismas con tal de permanecer en una relación que va en contra de su salud. Se convencen de que lo que tienen es mejor que nada, de lo mucho que perderían si se quedaran solos y de varias otras consideraciones prácticas. Familiares y amigos, cansados de verlos sufrir, ven cómo sus intentos de hacerlos entrar en razón se estrellan contra creencias profundamente arraigadas que reflejan miedos impermeables a todo argumento racional. Me quedaré solo para siempre, a pesar de todo, lo quiero o no puedo vivir sin él (o ella), son frases típicas que invitan a reflexionar sobre el abuso que se hace de la propia inteligencia en la creación de razones para seguir con la pareja. Es importante identificar de dónde proviene el hambre de afecto que le impide dejar la relación. Conviene escribir todas las situaciones y sentimientos que acompañan la relación amorosa. Esto le permitirá apreciar más objetivamente la frecuencia y forma de los sinsabores que, desde hace tanto tiempo, soporta. Descubrir conductas que se repiten una y otra vez, posibilita sacar conclusiones y asociarlas con relaciones amorosas anteriores. También le protegen de seguir autoengañándose. A continuación, haga conexiones entre el niño que usted fue y la inseguridad que siente cuando su pareja se aleja. Pregúntese desde cuándo lo acompaña la angustia que la relación, por mala que sea, le ha permitido mantener enterrada. Cierre los ojos y piense en lo que ve y en cómo representa usted su propio vacío. Intente descubrir los miedos que la ausencia del otro desatan. Por último, busque redes de apoyo emocional. Amigos y familiares podrán sostenerlo en los amargos momentos de la ruptura. Terminar es difícil, despierta sentimientos de desamparo, y la soledad es mala consejera. Quienes lo quieren de verdad podrán ayudarlo y reflejarle situaciones autoengañosas que la angustia le impide ver.

Permanecer en una relación insatisfactoria es una tragedia personal, que destruye la opción futura de un amor nutritivo. Romper las cadenas de un amor obsesivo puede ser tan complejo como salir del alcoholismo. Al igual que en éste, la larga travesía comienza con reconocer que se está insanamente enganchado y termina con la alegría que reporta recuperar el control de la propia vida. Poder decir con alivio: no era amor, era adicción.


Medida y Violencia

Cual es la medida y violencia de cada acción que comenzamos? Si solo se pudiese por un momento adivinar la dimensión  de cada momento y pasarse la vida deseando no fuera el objetivo de nuestras vidas… Sin estar y solo esperando, al gran día, a ese gran hombre, a ese definitivo cambio a mejor, a esa disculpa que nos haría encajar algo más en nuestras propias dudas, esperando siempre que todo cambie, que la gente vuelva, que el mañana no nos duela tanto, que el ayer nos pese menos cada día, esperar que aquel nos diga lo que queremos oír desde que nuestros oídos oyen, que esa alabanza nos remiende el ego, que esa disculpa nos refrende en lo acertado de nuestros pasos y acciones, esperando dependemos de nuestra realidad para sobrevivirnos y es la realidad de los otros la que nos salva de nosotros mismos.

Soy la niña que no quiere comer porque se niega a ser mujer, soy el alma dormida de Jorge Manrique, yo soy la que tenía siempre esperanza, la que lleva las zapatillas desatadas, el pelo enredado al alma y esa que no quiere volver nunca a casa porque no tiene casa, soy la que sin tener casa sueña con un hogar donde descansar y poder ser ella misma, esa misma que acaba siempre rompiéndolo todo cuando teme, soy un 1% que está muy lejos y se entristece hasta el límite recordando lo que pude ser y le fue arrebatado, y siendo mujer me rebelo contra mis caderas y reniego de mi fuerza mi valor y mi poder, y allí arriba me siento sola, igual de sola que  abajo pero arriba siempre hace más frío, y quien quiere estar conmigo está lejos, siempre lejos, a diez mil kilómetros, a trescientos, a 20 centímetros, no importa porque siempre está esquivándome allá adelante, siempre ante mí y siempre distante, y tener que volver a hacerlo yo otra vez y saber que el precio que pago por tener caderas es el de la soledad, la incomprensión, el desamparo y la incertidumbre, y como dice el Tao, no esperemos nada y así todo nos vendrá, no teniendo ni pasado ni futuro, sin tener siquiera identidad… Para qué…?

Recordar una mirada o una palabra que no existieron sino en la imaginación de algún instante incierto entre la realidad y la ignorancia, y vuelvo a ser, la que no cedía para que la respetaran, la que de puro inquieta detiene el tiempo para vivir más, la mujer que siempre fui desde que nací hombre, vuelvo a ser la tierra o uña, espejo en que estas letras se reflejan, soy aquella que no se deja pisar, la que pone medallas  al cobarde en su valor, la que desprecia al que llora, la que se viste de domingo un martes, la que planta cara al destino y se niega a sobrevivir, y sin adaptarme empiezo a vivir un destino que bastante me importa a mí si existe, ¿porqué voy a vivir un destino que está en un futuro que no existe ni me pertenece?… Soy la que mata por placer, la mujer que llora sangre por perderse en otra piel que ya es la suya y siempre lo fue desde que fue embrión, soy la d·evil y violenta hembra que defiende lo suyo arañándoselo a la vida, soy la que nunca espera nada y es siempre invadida, humillada y absorbida…Porque no quiero esperar. Porque no quiero intentar. Porque no quiero seguir…

Soy la mujer que no tiene sueños, que tampoco nunca los tuvo, la descreída de los duendes, la que habla con los muertos y no les pide nada porque no cree en los muertos, soy la hembra de enormes e incomprensibles caderas que gira la cama y engaña a la muerte para no perderte, luchando contra lo obvio y lo hueco, soy la estúpida que anhela y espera siempre sin creer que haya un instante futuro, yo soy la verdad y la vida, yo soy el escudo y el solSoy la niña que se rebela y la mujer que calma la ansiedad en la batalla, a veces cuando nada encaja, y nada suele encajar nunca, me quedo con la sensación de que los dragones dejaron de existir porque nunca existieron, de que yo no existo porque nunca he sido, sensaciones de que la piel no acaba de adaptarse a los huesos, certezas de saber que no pudo ser y aunque se supere siga doliendo cada día la sola idea de volver a esperar, amor que se tuvo por necesidad y necesidades insoportables de las que abusar para defendernos de la insoportable levedad de nuestro desvarío, sentirse alguien en el dolor de alguien, aliviarme el infierno pagando el precio del desamparo, el dolor y la soledad, rendirse a la evidencia de las lágrimas que vuelven a llorar sangre. 

Y en días como hoy solo quiero recordar, que a pesar del miedo la necesidad el hambre y el frío, tú sí querías de verdad estar conmigo…

Te sigo echando de menos en días como hoy, en noches como estas me duele cada uno de los poros de tu bellísima piel, me duele la sola neurona que ha guardado en mí alma tu recuerdo, espero que sigas resistiendo allá  en ese infierno de mierda que en un acto de amor de valor incalculable volviste a hacer tuyo. Y me liberaste para seguir perpetuándome en el vacío de cada día, porque sin ti todo tiene una dimensión extraña, y es extraño que a ti no te espere, que sepa que ahí delante no estás y en cambio sienta la dolorosa certeza de tu presencia incondicional sabiéndote siempre, agarrado a la piel, viviendo en mis ojos… Soy una estúpida por sentirte tan cerca, y en mis sueños solo existes en la medida en que la memoria me lo permite, mi alma, mi vida entera, te doy mi sangre, mi mañana, te doy mi identidad, mi piel y lo que me dolió no lo recuerdo. Soy esa mujer estúpida, intolerante, violenta y vengativa, soy esa niña que tu convertiste en mujer. Y en los sueños que no tengo te perpetuas en la certeza de que el daño que me hacías es lo que me mantiene atada a la vida, atada a tu memoria, atada al odio que siento por cualquiera que se atreva a amarte…

Y sigo malviviendo en el ansia de tu libertad.                                      


Mi Madre

Mi madre

por Amy Tan

Las palabras más odiosas que he dicho en mi vida a otro ser humano se las dije a mi madre. Yo tenía dieciséis años. Surgieron de la tormenta de mi pecho y las dejé caer con furia de granizo:

—Te odio, ojalá estuviera muerta.

Esperé que se desplomase, golpeada por mis palabras crueles, pero siguió de pie, erguida, con la barbilla alzada y los labios estirados en una sonrisa de loca.

—Muy bien, a lo mejor me muero yo —dijo—. Entonces ya no seré tu madre.

Teníamos muchas conversaciones parecidas. A veces intentaba matarse de verdad, arrojándose a la calzada, sosteniendo un cuchillo contra la garganta. Ella también tenía tormentas en el pecho. Y lo que me lanzaba era tan rápido y mortal como un rayo.

Después de nuestras discusiones se pasaba días sin hablarme. Me atormentaba, hacía como si no sintiera nada en absoluto por mí. Para ella yo estaba perdida, y por eso perdí una batalla tras otra, las perdí todas: las veces que me criticó, que me humilló delante de otros, que me prohibió hacer esto o aquello sin escuchar ni una sola buena razón de que debería ser al contrario. Me juré que nunca olvidaría esas injusticias. Las guardaría, endurecería mi corazón, me volvería tan impenetrable como ella.

Recuerdo esto ahora porque también recuerdo otra ocasión, hace apenas un par de años. Yo tenía 47 años, ya era una persona distinta, me había convertido en una escritora, en alguien que usa la memoria y la imaginación. Y precisamente estaba escribiendo una historia sobre una niña y su madre cuando sonó el teléfono.

Era mi madre, lo que me sorprendió. ¿La había ayudado alguien a llamar? Hacía tres años que el Alzheimer le estaba afectando a la cabeza. Al principio olvidaba cerrar la puerta con llave, después olvidó dónde vivía. Olvidó quiénes eran las personas y lo que habían significado para ella. Últimamente era incapaz de recordar muchas de sus penas y preocupaciones.

—Amy —dijo, y empezó a hablarme deprisa en chino—. Me pasa algo en la cabeza. Creo que me estoy volviendo loca.

Contuve el aliento. Normalmente apenas podía decir más de dos palabras seguidas.

—No te preocupes —empecé a decir.

—Es verdad —prosiguió—. Tengo la sensación de que no puedo acordarme de muchas cosas. No me acuerdo de lo que hice ayer. No me acuerdo de lo que pasó hace mucho tiempo, de lo que te hice…

Hablaba como alguien que se estuviera ahogando y hubiera conseguido sacar la cabeza del agua a fuerza de voluntad de vivir, y viera lo lejos que ya la había arrastrado el agua, lo imposiblemente lejos que estaba de la orilla.

—Sé que hice algo para hacerte daño —dijo frenéticamente.

—No —dije yo—. En serio, no te preocupes.

—Hice cosas terribles. Pero ahora no me acuerdo de qué. Y sólo quiero decirte… —Espero que puedas olvidar igual que he olvidado yo.

Intenté reír para que no se diera cuenta de que se me quebraba la voz.

—En serio, no te preocupes.

—Vale, sólo quería que lo supieras.

Después de colgar, lloré de felicidad y también de tristeza. Volvía a tener dieciséis años, pero la tormenta había desaparecido de mi pecho.

Mi madre murió seis meses después. Pero me había dejado las mejores palabras para curar, abiertas y eternas como un cielo azul despejado. Juntas, supimos en el fondo de nuestro corazón lo que debíamos recordar, lo que podemos olvidar.

Traducción de Berna Wang.

Publicado originalmente en The New Yorker, en diciembre del 2001


El hilo de Ariadna

“Toma este ovillo de hilo y cuando entres en el Laberinto ata el extremo del hilo a la entrada y ve deshaciendo el ovillo poco a poco. Así tendrás una guía que te permitirá encontrar la salida”.

Teseo y Ariadna o como perder a tu mujer gracias a tu ego insoportable.

Teseo abandonó a Ariadna y esta se casa con Dionisios al que detestaba por no ser Teseo.

Nunca más volvió a tener otra idea memorable como la del hilo, es lo que tiene el desamor que te deja muerta en vida.

Lamento de Ariadna

¿Quién me calienta, quién me ama todavía?
¡Dadme manos ardientes!
¡dadme un brasero para el corazón!
Tendida en la tierra, estremeciéndome,
como una medio muerta a quien se le calienta los pies,
agitada, ay, por fiebres desconocidas,
temblando ante glaciales flechas agudas de escalofrío,
cazada por ti, ¡pensamiento!
¡Innombrable! ¡Encubierto! ¡Aterrador!
¿Tú, cazador entre las nubes!
¡Fulminada a tierra por ti,
ojo sarcástico que me mira desde lo oscuro!
Así yazgo,
me doblo, me retuerzo, atormentada
por todos los martirios eternos,
herida,
por ti, el más cruel cazador,
tu desconocido, dios…

¡Hiere más hondo!
¡Hiere de nuevo!
¡Pica, repica en este corazón!
¿A que viene este martirio
con flechas de dientes romos?
¿Qué miras otra vez
sin cansarte del tormento humano
con malévolos ojos de rayos divinos?
¿No quieres matar,
sólo martirizar, martirizar?
¡Para qué martirizarme a mí,
malévolo dios desconocido?

¡Ah, ah!
¿Te acercas sinuoso
en semejante medianoche?…
¿Qué quieres?
¡Habla!
Me estrechas, me oprimes,
¡ah, ya demasiado cerca!
Me oyes respirar,
acechas mi corazón,
¡celoso!
-¿pero celoso de que?-
¡Fuera, fuera!
¿para qué la escala?
¿quieres subir
adentro, hasta el corazón,
subir hasta mis más
secretos pensamientos?
¡Impúdico! ¡Desconocido! ¡Ladrón!
¿Qué quieres sacar robando?
¿Qué quieres sacar escuchando?
¿Qué quieres sacar atormentando?
¡tú, atormentador!
¡tú, dios verdugo!
¿O como el perro debo
refregarme contra el suelo ante ti?
¿Sumisa, embelesada fuera de mí
menear la cola por amor?
¡Es inútil!
¡Punza otra vez,
aguijón el más cruel!
No soy tu perro, sólo tu presa,
¡cazador el más cruel!
tu más orgullosa prisionera,
bandido tras las nubes…
¡Habla al fin!
¡Tú, encubierto con el rayo! ¡Desconocido! ¡habla!
¿Qué quieres, salteador, de mi?…

¿Cómo?
¿Un rescate?
¿Qué quieres de rescate?
Pide mucho, ¡lo aconseja mi orgullo!
Y habla poco, ¡lo aconseja mi orgullo!

¡Ah, ah!
¿a mí es a quien quieres? ¿a mí?
¿a mí entera?…
¡Ah, ah!
¿Y me martirizas? ¡Loco que eres un loco!
¿Requetemartirizas mi orgullo?
Dame amor, ¿quién me calienta todavía?
¿quién me ama todavía?
dame manos ardientes,
dame un brasero para el corazón,
dame, a la más solitaria,
a la que el hielo, ¡ay!, siete capas de hielo
enseñan a añorar enemigos,
da, sí, entrega,
enemigo el más cruel,
dame ¡a ti!..

¡Se acabó!
Entonces huyo él,
mi único compañero,
mi gran enemigo
¡mi dios verdugo!…
¡No!
¡vuelve!
¡Con todos tus martirios!
Todo el curso de mis lágrimas
discurre hacia ti,
y la última llama de mi corazón
para ti se enardece.
¡Oh, vuelve,
mi dios desconocido! ¡mi dolor!
¡mi última felicidad!…

Un rayo. Dionisyos aparece con esmeraldina belleza.

Dionysos:
Sé juiciosa, Ariadna…
Tienes oreja pequeñas, tienes mis orejas:
¡mete en ellas una palabra juiciosa!
¿No hay que odiarse primero, si se ha de amarse?…
Yo soy tu laberinto…

Fiedrich Nietzsche – Ditirambos de Dionisyos

Y es que de lo que Ariadna se queja es de aquello capaz de hacer perder el último ápice de honor que la soledad ofrece, amando a los enemigos, postergando su propio juicio al recóndito lugar de lo inexplicable. Situación de mujer abandonada, casada quizás a regañadientes con aquél de esencia incalculable. Dormida en un lugar encontró su destino, y en otro, brilló en el cielo donde nadie podía verla.

Un hombre laberíntico jamás busca la verdad, sino tan sólo a su Ariadna.

Ariadna como ayuda en el laberinto de la verdad: hilo luminoso tendido.

Ariadna como laberinto

Ariadna abismo.


Cita

Adiccion

Lo que yo quiero es que me necesiten. Lo que yo quiero es ser indispensable para alguien. Necesito a alguien que ocupe todo mi tiempo libre, mi ego y mi atención. Alguien adicto a mí. Una adicción mutua.

Mary And Max